José Ramon

Estudiar en Francia, como extranjero, es una de las experiencias más enriquecedoras que tuve en mi vida. Para empezar, quiero explicar la razón de mi elección por la educación superior en Francia. Toda mi vida estudié en el Liceo francés en México, por lo tanto mi formación y mi forma de pensar siempre fueron cercanas al « pensamiento francés ». En segundo lugar, la mayoría de los mexicanos que quieren estudiar en el exterior siempre tienen como primera opción Estados Unidos o España (ya que no existe la barrera del idioma) , es por eso que estaba convencido de que hacer estudios en Francia daría un valor agregado a mi formación profesional.

Finalmente, la razón económica jugó un papel determinante en mi decisión; los estudios superiores en los otros países (México, Estados Unidos e incluso algunos países de Europa) son enseñados por escuelas o universidades privadas, además sus programas son muy generales mientras en Francia la mayoría de las universidades son públicas, en las cuales la matricula es insignificante, y sus programas son más especializados.

Viví en Burdeos durante el año universitario 2007-2008 para estudiar un Máster 2 en Derecho del Urbanismo, de la Construcción y del Inmobiliario en la Universidad  Montesquieu Bordeaux IV. Al principio, la integración al modo de vida francés ha sido un poco difícil, principalmente porque las culturas mexicanas y francesas son completamente diferentes en su modo de vivir.

Mi principal dificultad fue de encontrar un alojamiento. Según pensaba, no tendría ninguna dificultada para encontrar un pequeño y modesto apartamento de 50 metros cuadrados para vivir. Por supuesto, estaba lejos de la realidad, los precios del inmobiliario son muy elevados, incluso en provincia. Después de una búsqueda exhaustiva, conseguí un T1-bis (36 m2) en un inmueble del CROUS, que compartí incluso con un amigo que estudiaba también en Burdeos. Simultáneamente al problema del alojamiento, no tenía fiador para firmar el contrato de arrendamiento.  Cabe decir que los propietarios de los inmuebles son muy exigentes con las solicitudes de alojamiento. Afortunadamente, en Francia hay organismos públicos y privados que ayudan a los estudiantes extranjeros a resolver esas problemáticas, basta con buscar la agencia del CNOUS en cada región. Además hay diferentes programas de ayuda para el alojamiento (v.gr APL, CAF) a las cuales apliqué y obtuve una ayuda de cerca 40% de mi arriendo.

 Para adaptarme al modo de vida francés, me tomó un poco más de un mes. Hay cuatro herramientas que fueron necesarias para llevar a cabo mi estadía en Francia. Primero mi tarjeta débito y mi chequera. Abrir una cuenta en Francia es bastante fácil, basta con pedir una cita al banco y un deposito para recibir su tarjeta débito (Visa) y su chequera. Es en Francia en donde aprendí a llenar y firmar cheques, se utilizan con frecuencia, incluso para pagar los gastos de la noche. En segundo lugar mi teléfono móvil. Hoy en día es indispensable estar contantemente comunicado. Mi móvil era la manera más fácil de comunicarme (sea por llamado sea por texto) y de estar en contacto con la gente que conocí durante mi estadía en Francia. En tercer lugar, mi abono de transporte público. Uno de los servicios más eficientes en Francia es el transporte. El costo de un viaje en tranvía en Burdeos es de 1,30 €, pero comprando un abono anual (tranvía y bus) por 120 € se vuelve interesante, sobre todo cuando tenía que hacer cuatro trayectos diarios.  La verdad es que a la mitad de mi estadía, me compré una bicicleta para los trayectos en el centro de la ciudad, algo que recomiendo fuertemente. En fin, mi computador y el servicio de Internet.  Aunque no tenía en mi casa ningún aparato de diversión  (TV, radio, DVD), afortunadamente tenía mi computador. Por eso, suscribí un contrato con un proveedor de servicios Internet. Eso me permitía estar siempre en contacto con mi familia en México, de estar al tanto de los éxitos los más importantes de mi país de origen, y por supuesto, de hacer mis tareas escolares y de entretenerme cuando quería descansar un poco. En pocas palabras, una herramienta de trabajo y de diversión al mismo tiempo.

El dominio del idioma no me causó problemas para la comprensión de los cursos, la lectura de textos especializados, ni siquiera para los contratos que tuve que firmar los primeros días de mi estadía en Francia. El principal problema fue durante las veladas. No es para nada fácil entender dos o tres conversaciones simultáneas llenas de modismos. Pero ahora entiendo cuando alguien dice: « mon pote a été arrêté par les flics quand il fumait une clope dans la bagnole », ya no tendré más problemas para entender lo que quería decir.

Para seguir, quisiera explicar el tipo de formación que escogí estudiar en Francia. Tenía la opción de una formación de investigación o una formación profesional, sin embargo quise seguir una formación profesional ya que a finales de mi formación de Derecho en México había trabajado en el sector profesional. Después, le programa nos ofreció dos tipos de docentes, los que son cien por ciento profesores universitarios y los que son profesionales. Gracias a eso, tuve dos puntos de vista diferentes sobre los mismos temas. Además, los trabajos a realizar y los exámenes trataban de casos prácticos, así era más fácil ver la utilización práctica de los conocimientos adquiridos.

Mi formación incluía una pasantía de tres meses a finalizar los estudios antes de los exámenes finales. No es fácil conseguir una pasantía. Si para un francés es algo complicado, para un estudiante extranjero es una pesadilla. A veces los profesores (los profesionales) a principios del año proponen a los estudiantes una pasantía con ellos. Aconsejo a los estudiantes extranjeros aprovechar esta oportuni9dad y de esta manera evitarse una angustia inútil.  

Puedo asegurar que mi experiencia en Francia enriqueció mi trayectoria profesional, especialmente en la manera con la cual trato los problemas en la práctica. La manera de pensar cartesiana es propia a la cultura francesa y la única manera de adquirirla es sumergiéndose en el modo de vida y de estudios francés. Quizás entender el método francés  y la manera de ver los problemas no esa fácil al principio, sin embargo después de una estadía de conocimiento y de observación de su cultura, el estudiante extranjero va a enriquecer su formación.

 Una cosa que a mi parecer, me enriqueció más fue de haber conocido a todo tipo de gente ; no solo los compañeros del Máster, sino también otras personas de todas las nacionalidades imaginables. Conocí e hice amistad  con alemanes, ingleses, suecos, dominicanos, egipcios, colombianos, españoles, libaneses, macedonios, y chinos.  También tuve la oportunidad de conocer un poco Francia y Europa. No es difícil tomar un tren o un avión (low cost) para aprovechar del fin de semana o de las vacaciones.

Para terminar con mi testimonio, tengo que hablar de la ayuda que CampusFrance me dio. Para un estudiante extranjero (en mi caso que vive en las Américas) no es fácil encontrar toda la información, en todos los sitios de las universidades francesas, necesaria para escoger una formación profesional. Además, proponer candidaturas a diferentes universidades puede  volverse un trabajo complicado y costoso. CampusFrance reúne toda la información que permite al candidato (futuro estudiante) analizar todas las proposiciones para elegir bien. De la misma manera la candidatura realizada a través de CampusFrance es visible para todas las universidades afiliadas. En mi caso, la Universidad Montesquieu Bordeaux IV (a la cual no había aplicado directamente) me propuso un programa de estudios que acepté, de tal manera que si mi viaje en Francia empezó bien fue por mucho gracias a CampusFrance.

 En fin, cuando alguien me pregunta si me gustó mi estadía en Francia, puedo contestar sólo con las palabras de Edith Piaf « …je ne regrette rien ».